dissabte, 14 de novembre de 2015

El barrio y la mobilidad

Quiero encabezar este escrito en primera persona, ya que en muchos casos no soy consciente de las dificultades que muchas personas tienen en el día a día para poder desplazarse por la ciudad.
Hemos de ponernos en su lugar para entender a lo que se enfrentan cada día al salir de casa, y cómo puede afectar esto en su vida. Seguro que hay personas que no se atreven o simplemente no pueden salir de su vivienda.

Tenemos un día para conmemorar todas las cosas: El día del tabaco, el día del cáncer…etc. Pero lo que hemos de hacer es recordar todos los días del año, y que en cada paso que demos, pensemos que nosotros podemos estar en la misma situación mañana.

Para las personas que tienen que desplazarse con muletas, sillas de ruedas y bastones para invidentes, padres con los carros de sus hijos, e incluso personas que salen a la compra diaria, el día a día puede resultar una auténtica aventura.  Tenemos que poner los medios para que puedan tener los mismos derechos que el resto de personas. Los grandes proyectos que diariamente vemos en la prensa, casi siempre olvidan los pequeños gestos que permiten que la ciudad sea para todos por igual.

Los pasos de cebra, cuando no insuficientes, se convierten en auténticos obstáculos para las sillas de ruedas, provocando que se resienta la columna vertebral debido fundamentalmente al peraltado que existe entre la calle y la acera y que en el caso de invidentes, se desorienten en los trayectos cotidianos.

Ponernos en el lugar de otras personas es el mejor camino para cambiar todo esto.

En un barrio que según el censo de 2013 más del 36,5%  son mayores de 55 años y el 31,3% mayores de 60, las barreras arquitectónicas son un grave problema. Un barrio que se construyó para dar techo a las personas de la inmigración desde otras provincias de España, pero que nunca se construyó con la mentalidad de crear hogares para las personas.

Estos días recordamos las casas con aluminosis, pero olvidamos todas las deficiencias que hay en el barrio para desplazarnos.

Las barreras arquitectónicas pasan desde bordillos en los pasos de peatones, con un desnivel inaceptable para las personas con sillas de ruedas, a árboles en mitad del paso de peatones, así como aceras que se han levantado y que en sí mismas son un problema para toda la población, y más concretamente para personas con movilidad reducida. Aceras que no permiten el tránsito normal de una persona con un carro de la compra, son las que han de servir para poder transitar personas en silla de ruedas, carros de niños pequeños…etc.

Esto sin tener en cuenta el estado deplorable de la Plaza Soller para acceder con ruedas.




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